lunes, 23 de marzo de 2009

Una Defensa Antimisil Justificable.


A través de la recomendable sección de artículos de Seguridad Colectiva y Defensa Nacional de Belt Ibérica S.A., me topé con este artículo (que traduje al castellano) sobre defensa antimisil, escrito por por un reconocido y viejo crítico de esta clase de armas defensivas. El artículo fue publicado en el New York Times y el International Herald Tribune. Corto y directo, no deja de tener su interés a pesar de lo discutible de buena parte de sus argumentaciones, que resultan sugestivas.

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(Escribe Theodore Postol) En su reciente carta al Presidente de Rusia Dimitri Medvedev, el Presidente Obama, ofreció modificar los planes de desplegar un sistema antimisil en Europa que impulsaba la anterior administración. Fue una iniciativa correcta. Continuar con la deriva anterior frente a Rusia, podría haber impedido futuras reducciones de armamentos, producido divisiones con los aliados europeos, haber causado un daño irreparable a la revisión del Tratado de No Proliferación Nuclear, y dificultar los esfuerzos para llegar a un acuerdo con Irán. País que está cada vez más cerca de convertirse en un Estado nuclear.

El Presidente Obama ha mostrado un adecuado escepticismo sobre la defensa antimisiles que promovía la administración Bush: las prestaciones necesarias no están probadas, requieren de recursos interminables y encaran problemas que no pueden ser resueltos por la ciencia actual. Rusia, por su parte, percibe la defensa antimisil como una amenaza a su seguridad. Una preocupación que la anterior administración decidió ignorar, empeorando con ello las tensiones con Moscú.

Afortunadamente, existe un "diseño" de defensa antimisil que podría dar respuesta a las vacilaciones del Presidente Obama y a los temores de Rusia. Y, a diferencia de la defensa antimisil de Bush, podría estar disponible actualmente para hacer frente a los ataques con misiles balísticos que provengan de Corea del Norte y de Irán, si esa amenaza surgiera alguna vez.

Es una propuesta que yo he desarrollado y analizado con variedad de expertos americanos y rusos. La idea es simple en sí misma. Ese sistema defensivo podría derribar los misiles de largo alcance iraníes y norcoreanos, ya que dichos misiles van acelarando "lentamente" una vez despegan de sus lugares de lanzamiento. Se puede aprovechar el hecho de que los misiles de largo alcance de Irán o Corea del Norte son grandes y pesados, tienen largos periodos de vuelo y despegan desde sitios ya conocidos.

Esa defensa estaría dotada de interceptores de rápida aceleración que podrían devolverlos de regreso a sus casas. Es decir, derribar los grandes, lentos y frágiles ICBM. Los interceptores tendrían un peso de alrededor de una tonelada y podrían alcanzar una velocidad tope de cinco kilómetros por segundo en decenas de segundos. Estos interceptores podrían ser transportados por vehículos aéreos no tripulados de tecnología furtiva (stealthy) similares a los bombarderos estratégicos B-2, aunque más pequeños y con capacidad de carga mucho menor, pero pudiendo llevar todavía cargas de pago sustanciales. Vehículos de esta clase ya existen.

Solamente dos de estos drones armados, operados por control remoto, serían necesarios para patrullar a varios cientos de kilómetros del lugar de lanzamiento de los misiles. A ese alcance, podría ser posible derribar un ICBM, con su cabeza de guerra nuclear, haciendo además que sus restos calleran sobre el territorio del país que los lanzó. Solamente cinco drones podrían ser necesarios para mantener un patrullaje constante por largos periodos. Pero el sistema funcionaría sólo cuando los satélites y los aviones de reconocimiento detectaran que un ICBM está siendo preparado para el despegue desde su lugar de lanzamiento.

A diferencia de la provocadora e inviable defensa planeada por la administración Bush, con sus dos radares de insuficiente alcance en la república checa y los diez interceptores en Polonia, esta defensa alternativa podría ser tecnológicamente factible. Y podría ser desarrollada, construida y desplegable cerca de las zonas que produzcan preocupación en relativamente poco tiempo. Y sería efectiva casi al instante de desplegarse.

Este sistema podría proveer de una defensa intimidatoria extremada y altamente efectiva contra Irán y contra Corea del Norte. A la vez que no representaría una amenaza a los arsenales de Rusia y China, ya que sus misiles son demasiado numerosos y están dispersados sobre tan grande áreas, que la defensa descrita serían poco numerosa para tener la oportunidad de comprometer el arsenal de semejantes potencias.

Una defensa antimisil especificada y concentrada como la descrita, podría también ser un instrumento para forjar un mundo libre de armas nucleares. Esa defensa podría, en ese caso, ser usada por el Consejo de Seguridad de la Naciones Unidas para extender el internacionalmente aceptado concepto de "zonas de exclusión aérea", para incluir en ellas a zonas de lanzamiento de misiles balísticos de largo alcance.

La administración Obama debiera estudiar y considerar este concepto como una seria alternativa al peligroso camino sin sentido por el que hemos estado viniendo.
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Desde luego, por lo que destaca el artículo es por ser un ejercicio muy bien disimulado de vulgar idealismo político. Tras las palabras de técnico que usa a modo de velo y para alejarnos de la realidad, el asunto lo ha resumido sumariamente. Parece ser que los problemas y ambiciones estratégicas en verdad no son tales, y los desencuentros que hoy acontecen se deben a 1- las intenciones torcidas de Bush y su camarilla (cambio de régimen, neoconservadurismo, etc) 2- falta de inteligencia y pericia de esa administración (incapaces de imaginar y anticipar las reacciones adversas que pueden causar en Rusia o China) 3- la manía de Bush y los neocón de comprar "malas medicinas" (como el escudo antimisiles del tipo que critica Postol) con las que materialezar sus intenciones torcidas. Medicinas con las que no sólo no se impediría curar la enfermedad de la Inseguridad Internacional, sino que la agraban todavía más. Naturalmente el asunto no es de tal sencillez. Veamos por qué.
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Para empezar hay que recordar que los misiles que actualmente se piensa desplegar en Europa, no amenazan en ningún caso a Rusia, tal y como puede verse de manera clarísima en esta imagen.


Por lo que las preocupaciones de Rusia deben ir por un lugar distinto a las que indica Theodore Postol. O sea, que no sería Bush con su mala medicina antimisil contra Irán lo que preocupa a los rusos. Efectivamente, así de claro lo dijo el ministro de exteriores de Rusia el 19 de febreo "Rusia no descarta que EEUU decida ir más allá de los actuales planes de defensa antimisiles en Europa, declaró hoy el ministro ruso de Asuntos Exteriores, Serguei Lavrov. "Moscú no ha recibido respuesta clara a su pregunta sobre si Washington planea crear una cuarta y quinta zona de defensa antimisil en Europa del Este", expresó el ministro. "
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Como bien indica en este análisis Yuri Záitsev. "Expertos opinan que después que EEUU perfeccione su tecnología de creación de bases misilísticas -en este caso, en Polonia- procederá a crear cada año un nuevo circuito de defensa antimisil en Europa. O sea, dentro de poco Rusia tendrá cerca de sus fronteras no uno, sino decenas de esos circuitos repartidos uniformemente por todo el territorio europeo. EEUU se ha propuesto instalar elementos de su sistema antimisil precisamente en Europa del Este, y no en Asia, en Alaska, en Japón o en Australia". Claramente expresan que el escudo que pretende desplegar Bush en Europa en Polonia y la República Checoslovaca no es para nada su fuente de preocupación. En consecuencia la vulgar "solución" tecnológica que propone Postol (concentrar una defensa sólo con aviones cerca de Irán y Corea del Norte) no "soluciona" nada de las preocupaciones rusas.
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Si antes teníamos las palabras del ministro e Asuntos Exteriores, ahora las del vicepresidente del Gobierno ruso Serguey Ivanov. Ivanov dijo en conferencia pública que "No se trata de una simple decena de antimisiles, sino de una infraestructura estratégica de EEUU que tendrá el objetivo de contener el potencial nuclear de Rusia". Es decir, que el escudo europeo de Bush no es el problema.
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Considero, al igual que los rusos, que es bastante obvio que los EE.UU., están embarcados en una carrera de armamentos con la que esperan lograr alcanzar un entorno estratégico posnuclear, en el que las armas nucleares de China y Rusia, y resto de potencias, perdirían su efecto disuasivo para el tipo de conflictos que se anticipan en el futuro. Un tipo de conflictos en las que las amenazas existenciales entre Grandes Potencias han desaparecido. En este contexto, el actual escudo, bien pudiera ser sólo la primera piedra de una infraestructura defensiva de mucho más calado. Un ariete aparentemente inofensivo, pero que agrietaría las defensas estratégicas de Rusia para que el resto terminara de derrumbarlas. La preocupación de Rusia es mayúscula, y saben que las soluciones de aparatitos y cachibaches como las que propone Postol no atacan el núcleo del problema. Que es político (búsqueda del poder, evidentemente).
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La solución técnica de Postol tiene varios fallos tecnológicos. Primero, que la capacidad de carga de los aviones no daría para muchas armas teniendo en cuenta su peso (una tonelada). Tal es así que no se atreve a dar cifras, ni si quiera de manera aproximada. Recordemos que el B-2 tiene una capacidad de carga de armamento máxima de 22.700 kilos. Si como afirma Postol, los drones tienen mucha menos capacidad que un B-2, no queda mucho para una cantidad apreciable de misiles interceptores (por el peso que indica, bien se podría estar refiriendo Postol al misil SRAM, pero modificado, es decir el NCADE) Segundo, el sistema que propone podría ser abrumado con cierta facilidad. Recordemos que el de abrumar al enemigo, ha sido el camino que ha seguido Corea del Norte con sus vecinos. Como indicaba en la anterior entrada, mientras me hacía eco de noticias sobre Corea del Norte, "los EE.UU. tienen 64 Patriots en Corea, pero Pyongyang tiene más de 800 misiles. Y unos 200 misiles Rodong pueden alcanzar Japón". Theodore Postol no tiene respuesta para un despliegue de moderada cantidad de MRBM y de IRBM por parte de Irán, aun cuando sus drones transportaran más misiles de los que cabría esperar.
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Tercero, da por hecho que el tiempo de preaviso de lanzamiento de misiles que darían aviones y satélites, sería con la suficiente anticipación para hacer despegar los drones. Esto presupone ICBM de combustible líquido, que requieren periodos largos para calentarse antes de ser disparados, y que pueden permanecer en posición de disparo poco tiempo (cuestión de días). Y no dice nada de que pasaría con su idea si se construyeran esos ICBM con combustible sólido, que son de lanzamiento prácticamente instantáneo.
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En caulquier caso, para parar una cantidad relativamente grande de misiles bien podrían ser lo más útil los láser aerotransportados. Lo que indica Postol en su artículo (sobre el NCADE) ya lo señalaba de manera más preclara (y sin hacer juicios políticos burdos) Loren Thompson, en un artículo que también traduje, "KEI, ABL, NCADE hacen la intercepción de Misiles Balísticos durante la fase de impulso viable." Y en el que se llagaba a la conclusión de que "Los Estados Unidos actualmente planean desplegar una arquitectura de defensa por capas, en el que armas como el Láser Aerotransportado, podrían limpiar las amenazas antes de que estas entraran en las trayectorias de las que luego pudiera encargarse el Aegis." Es decir, que no es razonable, al contrario de lo que nos recomienda Postol, eliminar los interceptores de curso intermedio (de la fase media del vuelo de un misil balístico), sino desplegar defensas en todas las fases para así maximizar las probabilidades de interceptación.
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Pero no olvidemos que, si el verdadero nudo de las discusión estratégica que vemos, no fuera otra cosa que el dirigirse contra Estados canallas, como Irán o Corea del Norte, la política de Rusia debería ser la de impulsar plenamente lo que se dice en esta noticia, "Rusia dispuesta a discutir régimen de renuncia universal a misiles de corto y medio alcance". Además, tendría que apoyar de manera total las sanciones del Consejo de Seguridad contra Corea del Norte (e Irán), para impedir que desarrollen capacidad balística. Esa sería la mejor política exterior que podría adoptarse. Sencillamente la de prohibir dichas armas, y no la de construir cachibaches que siempre tendrán muchos problemas para realizar su cometido. Algo que también dejaría desnudo de motivos a los USA para desplegar su escudo antimisil. Ya que si sólo las potencias grandes como USA, Rusia, Francia o China, contaran con misiles de largo alcance, y el resto no pudiera tener misiles balísticos de ningún tipo, no habría amenaza de Estado canalla alguno, y las potencias grandes quedarían en una equivalencia esencial entre sí. Las dificultades para llegar a ese régimen de prohibición de misiles medios e intermedios, así como la restricción de ICBM a unos pocos países, son prácticamente insuperables. Ya en el comienzo de mi anterior entrada dejaba bien claro como en verdad Rusia y China no están por la labor, y que no piensan presionar a Corea del Norte para que no haga una simple prueba balística. No digamos ya presionar de manera total e inmisericorde para que renuncie a todos sus misiles.
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Pero no nos engañemos más, lo que en verdad ocurre, es que USA trata de alcanzar el logro tecnológico que le permita desplegar armas antimisil en tierra, mar, aire y espacio exterior, que le dote de un poder enorme contra el resto de potencias de mayor tamaño (China, Rusia, y lo que venga).Potencias que hasta ahora gozaban de el muro de contención del arma nuclear para impedir que USA se atreviera a amenazarlos directamente. Pero si USA consiguiera desarrollar esa capacidad, tendría mucha má libertad de acción para ejercer su poder militar convencional. Por contra, lo que pretenden Rusia, y China, es que las potencias regionales hostiles a USA, la contengan en la medida de lo posible, o incluso comenzaran a actuar más agresivamente. Si Rusia no sigue deliveradamente esa política, es como si en verdad sí la estuviera haciendo por los efectos que consigue. De hecho, algún experto ruso alerta de ello diciendo que es "inadmisible subestimar la amenaza nuclear y de misiles que emana de Irán. "Hace tiempo que Irán abandonó las tecnologías anticuadas y produce por cuenta propia misiles eficaces", constató el experto militar. Los iraníes, recordó, supieron modernizar un cohete importado desde Corea del Norte hasta tal grado que la versión definitiva, Shehab 3 (...) "No digo que Irán sea capaz de producir a corto plazo misiles intercontinentales", señaló, "pero sí es bastante probable que en la práctica pueda amenazar a toda Europa". Otro peligro, según el experto ruso, consiste en que Irán, "en calidad de país nuclear, goce de intangibilidad que le permita aumentar en grado considerable el apoyo a organizaciones terroristas, incluidas Hamas y Hezbollah". Este experto, haciendo esta alerta, resalta que esa política puede generar efectos contrarios a los que busca Moscú (que no es otra cosa que conseguir que su arsenal nuclear siga siendo efectivo contra USA), ya que impulsaría el desarrollo y despliegue del escudo antimisiles.
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No se trataría entonces, como cuenta Postol, de unos chiflados iraníes que han puesto el mundo patas arriba, y de una administración Bush inepta y más chiflada todavía, que no solo no consigue desarrollar armamento antimisil decente (como si el NCADE y el ABL surgieran con la llegada de Obama), sino que además, en sus pifiados intentos ponen a Rusia de los nervios. Siendo entonces cuando justo a tiempo aparece el nuevo y carismático presidente arreglándolo todo. Evidentemente, no es tan simple. Hay por contra unas necesideades estructurales de lucha por el poder que son auténticas fuerzas inductoras en la política internacional y de las que no es fácil escapar.
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Como indica el incisivo Ilia Kramnik "A nuestro juicio, el problema de la DAM más que todo está vinculado a la conservación de la paridad nuclear de ambos países, un asunto que recientemente se debate muy ampliamente a raíz de informaciones sobre probables propuestas de EEUU encaminadas a una reducción radical de los arsenales nucleares estratégicos. En el caso de que ocurra, el acuerdo entre Rusia y EEUU sobre la ulterior reducción del arsenal nuclear, debe incluir de forma obligatoria la prohibición de sistemas de defensa antimisiles análogos a la DAM no sólo en Europa, sino en el resto del mundo. "
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"Lo ideal sería la prohibición absoluta al desarrollo de sistemas antimisiles estratégicos, permitiendo únicamente la posibilidad de crear sistemas locales de defensa antimisiles de aplicación limitada a los denominados escenarios de acciones de guerra."
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"(El) programa nuclear iraní y la DAM son asuntos deben ser objeto de conversaciones entre Rusia y EEUU pero cada uno en el marco de su propio contenido. La problemática de Irán en el marco de asuntos relacionados con Oriente Medio y Asia Central y la DAM en el conjunto de asuntos referente a la seguridad europea y mundial." Fíjese el lector que en Rusia los analistas no están confusos por culpa de los erráticos de la administración Bush, como afirma nuestro faccioso amigo Postol. Kramnik va a la médula del asunto, entiende perfectamente lo de los iraníes, pero dice directamente, que a lo que Rusia respecta, la defensa antimisil es un asunto que compromete la seguridad europea, y que no está relacionado con Oriente Medio. Y que no quieren oir hablar de defensa antimisil alguna, sea de USA, China, o común-global.
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Para darle algo más de información a los Postol de los supestamente "confusos" rusos (ni que fueran tontos y no leyeran la prensa), podemos ir a lo que dice este otro analista ruso, Dmitri Kosirev "Formalmente (aunque sea falso), los planes de EEUU para crear la DAM en Europa es que ese escudo está dirigido contra Irán". Y respecto a lo que podría ser la verdadera política exterior de Rusia respecto a Irán dice "¿Y qué puede pasar si varios sistemas S-300 rusos son instalados en Irán? (...) Lo más importante es que con esos sistemas de defensa, la República Islámica de Irán se sentirá más segura. Y en esto último radica, en cierta forma, el objetivo para Rusia es, si se quiere decir de esa manera, consumar un hecho que demostraría a EEUU que la coyuntura mundial cambia." Es decir, impedir que USA siga expandiénse (Bosnia, Kosovo, Afganistán, Irak, ampliación de la OTAN), y que tendrá a Rusia en frente apoyando a los países adversarios de EE.UU.
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Respecto a contemplar con un mínimo de realismo el que la ONU ,o algún organismo internacional, se hiciera con armamento como el descrito por Postol, difícilmente superaría las contradicciones internas que siempre han tenido los condominios de las Grandes Potencias.

sábado, 21 de marzo de 2009

El miedo y unas defensas débiles impulsan los ICBM de Corea del Norte.




Taro Aso, el Primer Ministro del Japón, creía hace unas semanas que el Consejo de Seguridad de la ONU haría algo por su país, y que incrementaría la presión contra Corea del Norte para que ello disuadiera a la dictadura norcoreana de hacer pruebas con sus misiles. Pretender tal cosa de un organismo colegiado, en el que sus miembros no tienen intereses idénticos, es de una candidez y falta de imaginación imperdonable. Algún tiempo más tarde ha hecho unos movimientos que en apariencia son más realistas y enérgicos. Afirma ahora el Japón que desplegará interceptores en tierra y mar para derribar al misil en caso de adoptar esa decisión. Posee algunos destructures con sistemas Aegis y misiles SM-3, así como unas baterías de Patriot PAC-3, con capacidad para derribarar esa versión del misil Taepodong-2 en caso de que fuera a caer sobre su territorio.

Japón decidió adquirir esas capacidades desde que Corea del Norte hiciera una prueba con un Taepodong-1 en el año 98. Y con los USA como suministrador de equipo y de tecnología, dasarrollan y despliegan juntos un escudo antimisil asiático del que poco se habla en Europa. Ya en diciembre, dos barcos con SM-3 derribaron un misil a gran altitud con éxito, y todos nos acordamos del ataque del USS Lake Erie a un satélite en febrero de 2008 (ver el vídeo al comienzo de la entrada). Los EE.UU. tienen para ese teatro 28 misiles interceptores en la costa Oeste, 18 naves con Aegis, y el radar "Cobra Dane" en las Aleutianas. Y aunque el Almirante Keating dijo que "están plenamente preparados para responder a las órdenes presidenciales", lo cierto es que nadie en EE.UU. se ha atrevido a oponerse a Corea del Norte de manera clara y directa. Esto es una aprobación fáctica de dicha prueba balística. No hay cartas que ocultar en este asunto. Si USA realmente estuviera dispuesta a impedir que Corea del Norte siga desarrollando dicha tecnología, así se lo comunicaría al excéntrico de Kim Jong-Il, para así quizás meterle miedo y disuadirle de hacerlo, y de esa forma conseguir lo mismo a menor precio. Si tu posición de partida no es la de comprar al precio más bajo, se parte de una muy mala posición de regateo. Esto indica que probablemente de forma tácita se ha dado carta blanca a la ejecución de dicha prueba. En una actitud diamentralmente opuesta, en Corea del Norte se sienten invulnerables, y el día 9 de abril se celebrarán muy felices así mismos nombrando presidente del Consejo de Defensa Nacional al pequeño Kim.

Lo que esté por venir quizás no sea sólo la prueba de un misil de alcance intercontinental. De hecho los militares americanos están preparados para salvas de otra clase de misiles, tal y como ya ocurrió en 2006. En caso de que se derribara el misil intercontinental, Corea del Norte amenaza con represalias. Y si eso ocurriera, saldría a la luz que las defensas antimisiles de USA y sus aliados, para defender el suelo japonés y coreano, son ridículas. Los EE.UU. tienen 64 Patriots en Corea, pero Pyongyang tiene más de 800 misiles. Y unos 200 misiles Rodong pueden alcanzar Japón, misiles que podrían no ser interceptados por los Aegis, ya que vuelan a altitudes de unas 180 millas, y los escasos Patriots sólo pueden defender áreas muy reducidas de territorio, áreas de unas 12 millas.

Lo que busca Corea del Norte con estas pruebas, según Masao Okonogi, es tener nogociaciones directas con los EE.UU.. Lo que querría el régimen norcoreano sería partir con una posición de ventaja en las negociacones en lo referente a misiles y la normalización de lazos diplomáticos (una forma de decir que: eres tú USA, no yo, el que anhela un acuerdo porque tienes miedo a que decida ir por libre y desarrollar mis misiles, bombitas y difundirlos por el mundo), además también cree que si no se muestran agresivos y decididos, los USA no los tomarán como una amenaza del todo seria. Respecto al alcance del misil hay que decir que, si en vez de usar el combustible líquido que se empleará para la prueba, fuera de combustible sólido, no sólo podría alcanzar Hawai y Alaska, sino partes más profundas del territorio americano. Gente en Japón, como Hiroyuki Koshoji, piensa que debido a que tanto Corea del Norte quiere exagerar la amenaza que representan (sólo para buscar un acuerdo más ventajoso), como los USA exagerar la maldad norcoreana (para respaldar la próxima generación de SM-3 de múltiples cabezas, el desarrollo de láseres, y el despligue de armas en el espacio con los que anular el arsenal chino y ruso), Japón debiera pensar fríamente la verdadera amenaza de la situación actual y cuidarse de derribar el misil.

Que la prueba de este misil es en realidad una táctica negociadora, es también lo que piensa el presidente de Corea del Sur.

Corea del Norte ya ha avisado a la ICAO y a la Organización Marítma Internacional que entre el 4 y el 8 de Abril entre las 0200 y las 0700 horas GMT, realizará un lanzamiento de un cohete civil para poner en órbita un satélite. ¿Pero por qué encubrir la prueba de un misil de alcance intercontinental a través de un lanzamiento de un cohete civil que pone en órbita un satélite? La razón es que tras los lanzamientos de misiles del año 2006, el Consejo de Seguridad hizo una resolución, la 1695, en la que dicho organismo llegaba a decir que "Exige que la República Popular Democrática de Corea suspenda todas las actividades relacionadas con su programa de misiles balísticos y, en este contexto, vuelva a aplicar los compromisos preexistentes en materia de moratoria del lanzamiento de misiles". De ahí que no sea oficialmente un Taopodong-2 el que se lance, sino el cohete civil Unha-2 (vía láctea), que en vez de llevar una cabeza de guerra nuclear simulada, transportará el satélite Kwangmyongsong-2. Pero como decía Dennis Blair, el Director Nacional de Inteligencia de EE.UU. (ver cuarta noticia del enlace), las tecnologías para ambos cometidos son indistinguibles. Lo de Blair no es opinión contra corriete, sino lo evidente y lo que piensa la mayoría de los analistas, por no decir todos.

El dilema de Obama ante el lanzamiento del misil norcoreano, quizás no sea tal en vista de todo esto. Corea del Norte tiene más misiles para amenazar, que USA y aliados para defenderse (por no hablar de la masiva cantidad de artillería entorno a Seul), Obama estaría derribando un objetivo oficialmente civil (lo que podría dañar su trabajada y admirada imagen conciliadora), además que los intentos de derribarlo no garantizan que se consiga (incurriendo en un gran descrédito para su armamento). Tampoco podría impedir que Corea del Norte siguiera perfeccionando su tecnología balística. Es decir, si EE.UU. derribara ese misil, podría "quedar mal" ante el mundo, no conseguiría casi nada (materialmente hablando) para impedir el desarrollo de misiles por parte de Corea del Norte, impediría (quizás) un acuerdo formal de control de armamentos con ese país (consiguiendo, por tanto, un efecto contrario al que busca, el de limitar la amenaza misil y nuclear norcoreana) y podría desencadenar un intercambio de golpes militares. Por lo que la solución más sencilla es que Kim siga adelante con su numerito de feria, y los USA sigan desarrollando sin precipitaciones un escudo como es debido. Solución sencilla con la que, como neoconservador, no estoy de acuerdo, pero de la que admito sus virtudes.

Como indica Ilía Kramnik, el derribo "conllevará a la ruptura definitiva de todos los contactos entre los gobiernos de estos tres países (USA, Japón y Corea del Norte), y una escalada de la tensión en la región. Esta variante no será aceptada por otros países de la zona como China, Rusia y, finalmente, Corea del Sur que no están interesados en una agudización de la situación en la península coreana. Por esta razón, es probable que EEUU y Japón adopten por otras formas para presionar a Corea del Norte y evitar una acción militar abierta de semejantes proporciones." También nos indica kramnik que "(las naves de guerra dotadas con Aegis y misiles) SM-2 y SM-3, pueden interceptar misiles balísticos en los tramos de despegue y descenso (...) Los buques dotados con misiles SM-3 pueden interceptar objetivos a una distancia de 50 kilómetros (radio de distancia entorno al buque) y una altura de 250 kilómetros y los destructores equipados con misiles SM-2 destruyen objetivos a 25 kilómetros de distancia y 170 kilómetros de altura. (...) recordar que el crucero "Lake Erie", en el Océano Pacífico, destruyó a una altura de 247 kilómetros un satélite (...) Los sistemas terrestres tienen características más modestas, por ejemplo el Patriot PAC-3 puede interceptar la ojiva de un misil balístico a una distancia de 50 kilómetros y a 20 kilómetros de altura, lo que define sus características como arma para proteger objetivos de alta importancia. (...) En la actualidad, la Armada de Japón cuenta con seis destructores clase Aegis, de los cuales dos ó tres están equipados con misiles SM-3. La flotilla de EEUU dotada con este tipo de misiles interceptores y anclada en los puertos nipones consta de cinco buques".

Parece que lo único que queda es disfrutar del espectáculo norcoreano. Aunque en verdad debiera aplicarse más dureza. Porque nadie puede negar que la falta de defensas robustas de las democracias de Corea del Sur, Japón y Estados Unidos, aumenta el daño disuasivo que puede causarles la dictadura norcoreana. Provocando el miedo a actuar de manera decidida para impedir que se haga con el enorme poder que otorgan la unión del arma nuclear y los misiles.

Estos hechos hacen caer a las democracias en un simple y diabólico juego de chantaje, en el que se pacta Seguridad Internacional (seguridad en este caso entendida como aunsencia de conflictos y guerras, porque hay otras formas) a cambio de que permitan incrementar constantemente su poderío bélico estratégico al régimen norcoreano. Los gobiernos democráticos no quieren darse cuanta de, o no quieren afrontar, las limitaciones de las tradicionales estrategias de Equilibrio del Poder del realismo político, que tiene que afrontar un entorno internacional con una estructura estratégica que hoy en día es tildada de naturaleza asimétrica, o como prefiero decir, de Hegemonía Contestada. Tampoco parece que entiendan o asuman el Juego del Gallina (llamado también del pollo, en este enlace más desarrollado) que es de naturaleza paradójica, como lo es toda la Estrategia Nuclear. Frente a la excentricidad estratégica actual que produce el hecho asimétrico, el meridiano equilibrio del viejo realismo deja un hueco por el que se cuelan los Kim y los Ayatolas, los cuales no incrementan más rápido su poder militar estratégico por sus limitaciones industriales, no porque nadie lo impida con algún tipo de punición efectiva y creible. Pero tiempo al tiempo (y ya va quedando poco) La cuenta atrás continúa y nadie sabe lo que habrá cuando el Doomsday Clock (o reloj del Apocalipsis) llegue justo antes de la media noche.

(Fijaros en la evolución del reloj de este enlace, el minutero desde el año 1991 hasta el 2007 ha pasado desde las 23:43 ha las 23:55. Y no se han alcanzo minutos más próximos al Apocalipsis desde los años 1949, 1953, y los primeros años 80, es decir, los peores momentos de la guerra fría. Lo que la situación actual sigue empeorando progresivamente).



El reloj del Apocalipisis (1/5) Juicio Final The Doomsday Clock









jueves, 19 de marzo de 2009

Neoconservadores Contra Funcionalistas Europeos (Gary Schmitt vs Steven Everts)


Extractos del debate realizado en la Revista de la OTAN entre Gary Schmitt (prominente neoconservador, y entonces director ejecutivo del Proyecto para el Nuevo Siglo Americano) y Steven Everts, en el ya lejano año de 2002. Claramente, es un debate muy menor en comparación con el de la anterior entrada, pero donde sale a relucir la profunda coincidencia en la base teórica entre ambas aproximaciones, y a la vez sus insalvables diferencias de práctica. Sobre el origen último de la Seguridad e Inseguridad Internacional lo primero, y de como atacar el problema lo segundo. Curiosamente, en el debate entre realismo y neoconservadurismo ocurría casi lo contrario. Con unas bases teóricas contrapuestas entre sí sobre el orígen de la Seguridad e Inseguridad Internacional, a la hora de practicar la política exterior ambos se atribuían como propias muchas de las políticas realizadas. Neoconservadurismo contra funcionalismo.

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Tema de Debate: El poderío militar ¿sigue constituyendo la clave de la seguridad internacional?


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Escribe Gary Schmitt
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¿Sigue siendo el poderío militar la clave de la seguridad internacional? La respuesta es "no". La clave sigue estando, como siempre, en el carácter de los regímenes que definen el orden internacional. Y en nuestro tiempo la clave de la seguridad internacional reside en si un Estado o un grupo de Estados son o no democracias liberales. El mayor de los avances en la teoría de la seguridad internacional ha sido el "descubrimiento" de que la paz y prosperidad internacionales son directamente proporcionales a la generalización de los gobiernos democráticos en el mundo.Dicho esto, ¿constituye el poderío militar la segunda cuestión de mayor importancia para la seguridad internacional? Mi respuesta a esto es que sí. ¿Es la única? No. ¿Puede resolver todos los problemas? No. Pero probablemente constituya la mejor explicación de por qué la mayoría de los Estados se comportan como lo hacen (...) Es evidente que el poderío militar no puede "resolver" esos problemas, pero es la supremacía militar de Estados Unidos o Israel lo que realmente disuade a Rusia, China o la Autoridad Nacional Palestina de adoptar políticas más agresivas o perjudiciales para el orden internacional. En resumen, el poderío militar tiene importancia no solamente porque algunos problemas sean realmente "clavos" (como Milosevic, Ben Laden y otros) sino porque poseer la superioridad militar supone neutralizar otros problemas.

Tú mantienes una versión caricaturesca de la política norteamericana al declarar que la nueva Estrategia de Seguridad Nacional se guía por una "visión hobbesiana del mundo", y que "su eje" lo constituye la doctrina del ataque preventivo. En primer lugar, si su doctrina fuera realmente hobbesiana no pondrían tanto énfasis en la necesidad de difundir los principios económicos y políticos liberales por todo el mundo. Y, en segundo lugar, cualquier lectura imparcial del documento permitiría concluir que los ataque preventivos no constituyen el eje de la nueva estrategia. ¿Han adquirido una mayor importancia en una época en la que la proliferación de armamentos se nos ha ido de las manos? Sí. ¿Constituyen por ello el elemento fundamental de la estrategia global? Difícilmente.

Lo cierto es que el gobierno estadounidense es el mayor donante bilateral del mundo para los países subdesarrollados: proporciona 11.000 millones de dólares en ayudas oficiales para el desarrollo y más de 17.000 millones en el conjunto de ayudas. También es el líder mundial en ayuda humanitaria, el mayor donante de los bancos de desarrollo, el líder en donaciones de caridad privadas y la principal fuente de financiación privada para los países subdesarrollados. De hecho, cada año los particulares envían más de 30.000 millones de dólares desde Estados Unidos a los países subdesarrollados una cantidad igual o mayor que el presupuesto de defensa de cualquier país de la OTAN, exceptuando Francia, Reino Unido y Estados Unidos. La ayuda al desarrollo del sector privado norteamericano totaliza 36.000 millones de dólares al año, una cifra que sobrepasa con mucho cualquier cantidad similar de la Unión Europea. A los europeos les gusta presumir de poseer una perspectiva más equilibrada y matizada para manejar los problemas de seguridad actuales que esos "vaqueros" norteamericanos. Pero los hechos nos dicen que Estados Unidos no solamente tiene el mayor "martillo" del mundo sino también el "bolsillo" más generoso.

Dices que Estados Unidos tiene "un solo soldado sí, solamente uno participando en operaciones de paz de las Naciones Unidas", pero silencias el hecho de que este país paga más de la tercera parte del coste de esas operaciones (y más del doble con lo que contribuye cualquier otro país),

La paz democrática no depende tan solo de que haya más Estados democráticos en el mundo, sino también de la defensa y protección de las democracias ya existentes. Hablas como si la paz y seguridad que estas democracias disfrutan actualmente se mantuvieran por sí solas, cuando evidentemente no es así. Esa paz depende en muchos sentidos de las capacidades militares que tantos deseos tienes de pasar por alto. ¿De verdad piensas que sin el poderío militar de EEUU la democracia surcoreana estaría segura frente al inmenso arsenal de Corea del Norte? ¿Crees que sin los portaaviones norteamericanos un régimen democrático como Taiwan duraría más de una semana ante el declarado objetivo de China de conquistarlo por la fuerza? ¿Y que sin la superioridad militar estadounidense Irak no se hubiera hecho con el control de las reservas de crudo de las que dependen las democracias occidentales? ¿O existiría Israel hoy si su ejército no fuese muy superior a los de Siria o Irak? ¿Habría firmado Egipto un tratado de paz con Israel si éste país no le hubiera derrotado por dos veces? Y en este sentido hay que recordar que lo primero que han planteado las nuevas democracias del Este de Europa es el ingreso en la OTAN, y sólo después su entrada en la Unión Europea. ¿No se deberá a que saben que para hacer negocios lo primero que hace falta es tener seguridad? Y su seguridad se basa en asociarse con la principal potencia militar.

La "reconstrucción posbélica", en la que tanto insistes sin aceptar lo obvio: tal y como ha ocurrido siempre, hasta que no te libras de los dictadores y criminales que, por cierto, no suelen preocuparse mucho por tus amonestaciones "antes del conflicto" no puedes empezar a propagar la paz democrática. Por muchos problemas que tengamos que afrontar para conseguir un autogobierno válido y estable para Afganistán, Bosnia-Herzegovina y Kosovo, la misma posibilidad de que esto pueda ocurrir se debe a que antes se utilizó el poderío militar.

Resulta interesante tu opinión de que las políticas adoptadas por Estados Unidos durante la década que siguió a la Segunda Guerra Mundial "se caracterizaron por su visión de futuro, su generosidad y su gran éxito". Completamente de acuerdo. Pero ¿cuáles fueron esas políticas? Consistieron sobre todo en el establecimiento de un sistema económico y financiero internacional, en la creación de una red de alianzas entre los Estados democráticos en todo el mundo, en el apoyo a la reconstrucción de los países destruidos por la guerra y en un programa de rearme masivo.

EE.UU. está interesado en ampliar dicho planteamiento para que incluya un nuevo conjunto de instituciones y tratados multilaterales con el objetivo de reducir su poderío. (...) Nosotros creemos todavía que la paz y prosperidad mundiales dependen en última instancia de que los demócratas de todo el mundo sigan teniendo un potencial bélico más poderoso que el de los dictadores y bandidos.

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Escribe Steven Everts
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Me complace que estemos de acuerdo en que la clave de la seguridad internacional no reside en el poderío militar de los Estados, sino en si dichos Estados son o no democracias liberales. El descubrimiento de que las democracias liberales no luchan entre sí es lo más parecido a una "ley empírica" que pueda existir en las relaciones internacionales. Mi pregunta entonces es: ¿cómo podemos difundir la paz democrática? Creo que el mejor método para crear democracias liberales es la prevención de conflictos y la reconstrucción posbélica que tan a menudo han utilizado los europeos

Mi argumento principal: para resolver la inmensa mayoría de los problemas de seguridad actuales, los países o mejor, los grupos de países deben utilizar un planteamiento polifacético, que combine instrumentos de seguridad moderados y agresivos, y una clara determinación de mantener el rumbo trazado. (...) Lo cierto es que cuanto más confía Norteamérica en el poderío y la fuerza, menos éxito tiene en el desarrollo de la persuasión y la moderación. Y lo malo de esta forma de actuar es que acaba provocando los mismos hechos que parecen darle la razón. Y eso significará que el mundo será un lugar con menos paz y seguridad. (...) Las políticas norteamericanas durante la década que siguió a la Segunda Guerra Mundial se caracterizaron por su visión de futuro, su generosidad y su gran éxito.

Tanto si se trata del fanatismo terrorista, la proliferación de armamentos, los Estados en crisis, la gestión de conflictos regionales o cualquier otro problema internacional que se nos pueda ocurrir, la conclusión es siempre la misma: se trata de cuestiones de difícil resolución. Una de las consecuencias de estos cambios es la pérdida de importancia del poder militar, que a menudo no resulta adecuado para resolver los complejos problemas políticos y de seguridad a los que nos enfrentamos.

Actualmente Estados Unidos tiene un solo soldado sí, solamente uno participando en operaciones de paz de las Naciones Unidas (sobre un total de 36.000).

Por supuesto que a veces es preciso utilizar la fuerza militar. Una diplomacia que no tenga el respaldo de su uso potencial puede resultar ineficaz, como ocurrió a primeros de los 90 en la antigua Yugoslavia. Pero la fuerza militar sola, sin una estrategia diplomática o política, resulta a menudo contraproducente y puede provocar más problemas que los que resuelve, como ocurrió en Somalia entre el 91 y el 92.

Los 11.000 millones de dólares que dedica a ayuda exterior resultan menos impresionantes si te das cuenta de que de esta cifra más de 5.000 millones están destinados a Israel y Egipto. Por supuesto que Estados Unidos es con frecuencia pero no siempre el principal donante bilateral, y que realiza contribuciones muy importantes a los presupuestos de las Naciones Unidas, el FMI, el Banco Mundial y otras organizaciones internacionales. Pero si juntas todas las contribuciones de los europeos, superan con mucho las de los norteamericanos

miércoles, 18 de marzo de 2009

Los Neoconservadores Contra Los Realistas (Joshua Muravchik vs Stephen M. Walt)


En la página web de la revista The National Interest, se publicó el día 9 de marzo de 2008 este apasionante debate (que he traducido) entre el realista Stephen Walt (uno de los más importantes académicos de Relaciones Internacionales de la actualidad) y el neoconservador Joshua Muravchik -- The Neocons vs. The Realists --. Donde salen a relucir los principales puntos de ambas ideologías de Relaciones Internacionales, en cuanto a su aplicación práctica en la política exterior. El debate llega a ser duro y sarcástico. Resulta de gran interés ver como las rígidas fronteras teóricas de ambas propuestas, se difuminan en un continuum de matices a la hora de analizar la política exterior real, o de como clasificar las políticas concretas del pasado, si de realistas o de neoconservadoras. Algo que fuerza el que ambos contendientes lleguen a decir cosas que parezcan tendenciosas, retorcidas y muy deshonestas, cuando en verdad ambos tienen razón en sus contradictorias apreciaciones sobre un mismo hecho . También salen al terrero de lucha, las poco ortodoxas interpretaciones que hace el neoconservador Muravchik sobre la historia de la política exterior de los USA, interpretaciones que muchas veces son muy sugestivas. Todo un exelente ejercicio de teoría plicada.

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Uno tiene la obligación de leer el debate sobre el futuro de nuestra política exterior (de USA). ¿Ofrece el realismo la mejor solución a las amenazas de hoy? ¿O será el neocoservadurismo el responsable de nuestros triunfos? La elección está clara después de ocho años de las erráticas políticas de Bush, dice Walt, pero Muravchik piensa que la "Casa de Kristol" (en referencia a la dinástía de los dos líderes intelectuales neoconservadores) bien podría ser vindicada.


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El Futuro es Neocon
escribe Joshua Muravchik
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Para comparar al realismo y al neoconservadurismo, debemos primero definir los términos. El realismo consiste en dos proposiciones que son contradictorias entre si. Una mantiene que los Estados están obligados a comportarse de acuerdo a sus intereses naturales. De esa manera, Hans Morgenthau argumentaba que la política está "gobernada por leyes objetivas", cuya "operatividad es impermeable respecto a nuestras preferencias". La otra sostiene que los Estados pueden desviarse de sus intereses, pero que no debieran hacerlo. En consecuencia, George Kennan argumenta que "de los más graves fallos" que la política exterior de EE.UU. pudo cometer, fue la de hacer una "aproximación legalista-moralista de los problemas internacionales". Sin llegar resolver esa inconsistencia, nosotros podemos estipular que el realismo postula que los Estados se ciñen, o deberían hacerlo, a una estrecha concepción del interés nacional, y que estos giran entorno a asuntos geográficos, de recursos (naturales) y de poder.

Los neoconservadores fueron originalmente un círculo de escritores que no tuvieron etiqueta de ninguna clase, no eran un "ismo". Ellos enfocan la polítia exterior en lo que Max Boot ha llamado "Wilsonianismo duro". Yo, como neoconservador, puedo estipular que los principios esenciales del neoconservadurismo, en contraposición al realismo, incluyen el dar un mayor peso a las consideraciones morales, atribuyendo una mayor importancia al elemento ideológico de la política y, sobre todo, el ampliar el contenido de lo que encierra el concepto de interés nacional. Mientras los realistas piensan que se puede mantener la seguridad si se evitan problemas innecesarios, los neocons creen que podemos encontrar más seguridad usando nuestro poder (el de USA) para crear un orden mundial más benigno (aun cuando eso signifique buscarse problemas). Entorno a estos puntos, los neocons son liberales internacionalistas. Aunque se separen de los liberales en el punto donde se demuestra una mayor disposición al uso de la fuerza, y a una menor apreciación de la Naciones Unidas. (Los realistas tienen un concepto de la ONU un poco mejor, y aunque la mayoría de ellos no son aprensivos a usar la fuerza, los realistas, en cuanto tienen un concepto más estrecho del interés nacional, en la medida que no tiene encuenta los valores y la moral, se topan con menos ocasiones para ello).

La política de los EE.UU., raramente ha reflejado de manera perfecta una u otra escuela. La política normalmente fluye alimentada por la confluencia de varias fuentes, lo que incluye, por ejemplo, asuntos de polítia doméstica que nada tienen que ver con la estrategia o la filosofía. Sin embargo, es relativamente sencillo identificar las políticas que han sido influidas más por una escuela que por otra.

¿Cómo ha sido la política de Estados Unidos cuando se ha ceñido al realismo o al neoconservadurismo?

Los puntos más importantes puntos de comparación, se dan en los dos periodos inmediatamentes posteriores a las guerras mundiales. Tras la Primera Guerra, los Estados Unidos rechazaron la arquitectura wilsoniana para la paz y se desviaron al realismo. Los realistas pueden clamar que los posteriores 20 años fueron los más catastróficos años de la políticas exterior americana, y cargan contra el "aislacionismo". Pero esto podría ser un encubrimiento semántico. El aislacionismo no es más que una variante extrema del realismo. Y la política de EE.UU en los años 20 y 30 no fue estrictamente aislacionista. Al contrario, esos años vieron la creación del "foreing service", años en los que se continuó con el intervencionismo en el Hemisferio Occidental, se mantuvo la política de "puestas abiertas" en el Pacífico y se repitieron los esfuerzos para resolver la crisis financiera europea. Además del énfasis que se puso en el lado económico de la vida internacional. También fue una cosa realista el que fueran rechazados los altos principios morales de Wilson y su tendencia a usar el poder para preservar la paz. En resumen, fue una época realista. Y ello llevó directamente al más desastroso acontecimiento de la historia humana, una guerra que apagó unas 60 millones de vidas, incluyendo a más americanos muertos en ella, que en el conjunto de las otras guerras extranjeras juntas.

Después de la Segunda Guerra Mundial, en contraste a lo anterior, Amércia cambió a un enfoque que podríamos reconocer como "neocon". Con esto quiero decir que seguimos una vereda más global que cualquier potencia no colonialista ha hecho nunca. Formamos alianzas en Europa, en el Norte de Asia, en el Sudeste de Asia, en el Oriente Medio y en las Antípodas; moteamos el globo con bases militares; fomentamos las instituciones internacionales que ayudaron a restaurar la economía mundial, y entregamos una gran cantidad de ayuda externa. Sobre todo, pregonamos una estrategia que definía el mundo entero como la arena en la que nos enfrentaríamos contra nuestro adversario. Esta insisntencia en que nuestra seguridad está ligada a la seguridad de otros, en cada rincón del mundo, fue la antítesis del "realismo". El senador Robert Taft lamentaba que nosotros actuáramos como Santa Claus al tratar de resolver los problemas del mundo".

En ese momento, esas políticas, fueron etiquetadas de "internacionalismo liberal"; el término "neocon" aún no se había acuñado. No obstante, introducimos una política musculosa (en la que gastamos entorno al 10% de nuestro PIB en defensa), que tiene mucho más que ver hoy con el neoconservadurismo que con el liberalismo. Mientras los realistas políticos nos llevaron a un enexorable desastre tras la Primera Guerra Mundial, las políticas neocon, después de la Segunda Guerra Mundial, alcanzaron lo que sin duda es el más perfecto éxito de Estado, y nuesta relativamente más incruenta victoria contra la más poderosa maquinaria militar que se haya levantado jamás.

Aunque, por supuesto, la política de contención no fue una estrategia perfecta. Ello llevó nos trajo el mal trago de la guerra de Vietnam. Además que los realistas también hicieron sus contribuciones a la contención. En concreto la alianza antisoviética que hizo Henry Kissinger con China. Pero el promedio de la estrategia fue de diseño neocon, y dicha estrategia se terminó por llevar a buen término cuando el archineocon Ronald Reagan tomó el mando. Reagan desafió retóricamente al "imperio del mal"; fomentó las guerrillas anticomunistas que lucharon contra los regímenes comunistas; promovió la democracia universalmente; y socavó el marco estratégico de la "Destrucción Mutua Asegurada" (la MAD o Mutual Assured Destruction) con la "Star Wars". Esos éxitos tácticos fueron descritos por los realistas como imprudentes desviaciones (de su estrecha visión del Interés Nacional), de la misma manera que fueron aplaudidas por los neoconservadores. De hecho, los neocon, ayudaron a conformar esas políticas. Jeane Kirkpatrick fue una de las principales intelectuales de dicha arquitectura política. Richad Perle dirigió la política de armas nucleares de la administración Reagan. Elliott Abrams fue un hombre clave en la "Doctrina Reagan", la cual no fue formulada por Reagan sino por el columnista neocon Charles Krauthammer.

La Unión Soviética representó un desafío militar convencional, no convencional, y sobre todo ideológico, para la cual el realismo no tuvo diseño ni respuesta alguna.

AHORA, ¿QUÉ HAY acerca del mundo de la post-guerra fría?

El primer desafío fue la invasión de Kuwait por Irak. El camino a este acontecimiento fue abierto por una de las más descaradas tonterías del realismo. Nuestro apoyo a Irak en su guerra contra Irán en la década de 1980. Este apoyo constó de intercambios de inteligencia y de aprovisionamiento de armas a través de terceros países, así como mirar para otro lado cuando Irak empleó armas químicas. Si no hubiera sido por este apoyo, Saddam Hussein no podría haber estado en posición de hacerse con Kuwait en 1990, ni por ejemplo, podría haber dado por hecho la aquiescencia de Amércia con dicha invasión. Esta hipótesis de Saddam fue reforzada por las garantía ofrecidas por la embajadora americana, April Glaspie, de que los Estados Unidos no intervendrían en las trifulcas que ocurrieran entre estados árabes. Si la embajadora fue la culpable por haber transmitido ese mensaje tan criticado, hay que tener en cuenta que no hacía sino cumplir órdenes, órdenes que innegablemente representaban el sentimiento realista.

Si bien es cierto que la decisión de obligar a Iraq a que dejara su presa (Kuwait), fue tomada por el presidente Bush rodeado de asesores realistas como James Baker, Bren Scowcroft y Colin Powell. No es menos cierto que esta necesaria acción, recibió un apoyo más sólido por parte de los neocons que de los realistas. Realistas como Patrick Buchanan, Zbigniew Brzezinski, James Schlesinger, Russell Kirk, y columnistas como Rowland Evans y Rober Novak, entre otros, los cuales se opusieron a la guerra más que los liberales.

La guerra concluyó con la decisión realista de dejar a Saddam en el poder. La principal justificación dada para no marchar sobre Baghdad para derrocar al dictador fue que exederíamos el mandato de la ONU bajo el cual se luchaba. Pero esto no explica nuestra responsabilidad para que la gran inserrección que estalló contra Saddam después del fin de la guerra. A pesar de que se había inmovilizado en tierra a toda la aviación iraquí, permitimos que se excceptuara de esa inmovilización a los helicópteros que se usaron contra los rebeldes. Y cuando la Guardia Republicana, leal a Saddam, pasó cerca de las líneas amercicanas, no se jizo ningún esfuerzo para impedirlo. Es decir, que ni mantubimos los helicópteros en tierra, ni auyentamos a las tropas de Saddam, actos que no violaban mandato alguno de la ONU, ni hubieran implicado más combates. Por lo que aquí tenemos otro ejemplo de cínica complicidad con Saddam, esta vez conteniendo nuestro poder. En un ensayo conjunto algunos años después, el atiguo presidente George H.W. Bush y el antiguo consejero de Seguridad Nacional Brent Scowcroft alegaron que de hecho ellos querían quitar a Saddam del poder, pero acto seguido ofrecen una visión de cálculos realistas que llevaron a actuar de otra manera. "Ni los Estados Unidos, ni los países de la región dijeron que quisieran ver romperse el Estado iraquí", según escribieron. "Nosotros estábamos preocupados por el equilibrio del poder a largo plazo en la región del Golfo".

A mediados de la década de 1990, nos encontrabamos frente a unos sangrantes asuntos, que azuzaban las preocupaciones humanitarias, más que las preocupaciones referidas a la seguridad. En general, puede decirse que los neocons tratan puramente las preocupaciones morales como su principal prioridad, tales como pueden ser los derechos humanos. En contraposición al relativismo de los realistas. En los acontecimientos que estamos cuestionando, el asunto específico es determinar si América debe usar la fuerza en situaciones en que las apuestas son más bien de naturaleza moral, que de naturaleza estratégica.

En la década de 1870, Bismarck había asumido la posición realista cuando el comentó que el follón que ocurría en los balcanes "no vale los huesos de un solo granadero pomerano". Para ser honestos, hay que decir que los mayoría de los realistas americanos de hoy, están dispuestos a ofrecer ayuda en los desastres para salvar vidas extranjeras, pero ellos trazarán una clara línea en lo que a arriesgar vidas americanas en el rescate se refiere. La posición neoconservadora en un poco más difícil de destilar. La mayoría de los neoconservadores podrían apoyar el empleo de la acción militar por motivos humanitarios en algunas circunstancias. El dónde y cuándo dependerían de intuitivos cálculos aritméticos, sobre cuantas vidas extranjeras podrían salvarse y cuantas vidas americanas podrían perderse en el proceso.

Ciento veinte años después de que Bismarck hiciera su pequeño comentario, los balcanes están todavía en ebullición. La administración Bush, por boca del secretario James Backer, dijo a ese respecto "no tenemos ningún perro en esa pelea". El presidente Clinton continuó esta política de manos libres. Como el secretario Warren Christopher explicó, la inacción había ascendido a "todo lo que podemos hacer por nuestro interés nacional".

Los realistas aplaudieron a ambas administraciones por su retraimiento. Los neocons por contra, en su mayoría se unió al lado que urgía a la acción de EE.UU en la forma de ataques aéreos contra los serbios y/o suministrar armas a los bosnios musulmanes. Yo y otros, como por ejemplo, Jeane Kirkpatrick, Richard Perle, Max Kampelman y Richard Fairbanks, argumentamos que, además de por los considerables desafíos humanitarios, las consideraciones de seguridad también requieren alguna forma de intervención americana. El principio que los Estados Unidos adoptaron respecto a Kuwait (respuesta colectiva contra la agresión) fue puesta a prueba. Bosnia-Herzegovina, aún siendo un estado joven, era miembro de la ONU, reconocido por la mayoría de los Estados, y sufrió la agresión de Serbia. Además, de que es un Estado europeo. La defensa de la paz en Europa ha sido parte de la base de la política de EE.UU. desde 1945. Tolerar la agresión ahí, creen los neocons, podría invitar a lo mismo en otros lugares.

La administración Clinton finalmente puso fin a tres años y medio de caos después de las pérdidas de 200.000 vidas, la mayoría civiles. La acción necesaria para poner fin a esa masacre demostró ser extremadamente mederada: un par de semanas de bombardeos aéreos, más ciertas contidades de entrenamiento a las fuerzas croatas y musulmanas. Este cambio en la política de EE.UU. ha sido motivado en parte por la preocupaciones políticas de Clinton, y en parte por las preocupaciones de que la Alianza Atlántica se precipitara hacia el desorden por la pérdida del espíritu y vitalidad de la OTAN. Esta inferencia se vio continuada por la intervención en Kosovo, a pesar de que los daños humanitarios fueran mucho más pequeños, y los motivos legales fueran nulos.

Desde la perspectiva neocon, nuestra intervención e Bosnia debió haber sido anterior a lo que fue. Y supongo que los realistas prefirieron que nunca se hubiese intervenido.

A diferencia que en Bosnia, donde al menos desde la mirada neocon los asuntos humanitarios y estratégicos estuvieron intercalados, los otros acontecimientos humanitarios de esa época, Somalia y Ruanda, no entrañaron una dimensión estratégica. En Somalia, la intervención para aplacar una hambruna fue llevada acabo por los realistas (George Bush instigado por Colin Powell), pero los críticos podrían decir abiertamente que esa acción, tiene mucho más en común con el neoconservadurismo que con el realismo. Unas 500.000 vidas fueron salvadas por esa ayuda, pero ese episodio terminó con 19 soldados americanos muertos, forzando a una repentina partida del contingente de EE.UU.. La enseñanza de lo ocurrido en lo referente a lo que estamos discutiendo en este debate, no está nada clara.

El caso de Ruanda es mucho más claro, en donde más de medio millón de personas fueron exterminadas por motivos de raza, en el más claro caso de genocidio desde la matanza de judíos hecha por Hitler. La mantanza se realizó en pocos meses, lo que nos da una ratio de muertes mayores que la efectuada por la maquinaria de los nazis. Mientras ocurría eso, los Estados Unidos se negaron a levantar un dedo para impedirlo, y bloquearon cualquier acción del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, para evitar que los EE.UU. no se vieran involucrados en tal problema. Hete aquí un gran triunfo del realismo.

PARA FINALIZAR, quiero volver a los asuntos del 11 de septiembre y sus secuelas. Miles de americanos han sido asesinados por terroristas de Oriente Medio a lo largo de los últimos treinta años, y cada vez en mayores cantidades. Comenzando con el asesinato del diplomático Cleo Noel Jr y George Curtis Moore por Septiembre Negro en Jartum en 1973, pasando por ataque con bomba a la embajadoa de EE.UU. en Líbano y más tarde contra los barracones de los Marines en Beirut en 1983, sin olvidar los ataques con bomba a las embajadas americanas en Nairobi y Dar es Salaam en 1998, o los apartamentos para militares de EE.UU. en Dhahran en 1996, o el ataque al USS Cole en el año 2000. Entre otros muchos ataques con bomba, secuestros y asesinatos. Lo ocurrido el 9/11 (once de septiembre) fue el clímax. La mayoría de los americanos están de acuerdo en la necesidad de perseguir a Al Qaeda. Pero es evidente que muchos jóvenes musulmanes están dispuestos a matarse a sí mismos con tal de sentir el placer de matarnos a nosotros, y que esos actos gozan de la simpatía de partes importantes, aunque aún no mayoritarias, de sus compatriotas. De esto parece desprenderse que necesitamos de una estrategia más profunda.

Los liberales argumentaosn que los terroistas estaban motivados por la miseria, y que la solución consistía en erradicar la pobreza del mundo. Dos cosas quitan fuerza a este argumento. Una es qué hacer específicamente para que se pueda eliminar la pobreza. La segunda es que la mayoría de los terroristas resultararon no ser pobres.

En vez de adoptar esa perspectiva, Bush se propone enpujar al cambio político en Oriente Medio, para que esas poblaciones estén menos dispuestas a realizar actos de terrorismos o a apoyarlos. Y esa fue una inconfundible estrategia de tintes neoconservadoras. ¿Por qué la administración Bush, que llegó desde el realismo, se entregó al neoconservadurismo? Porque el realismo no ofrece nada con que afrontar el terrorismo yihadista.

Lo más parecido que hay a una solución realista, es la de romper los lazos de amistad con Israel, con la esperanza de apaciguar el malestar musulmán por el apoyo que América proporciona a Israel. Pero la mayor parte de la volencia en Oriente Medio no está relacionada con Israel; y si el mundo musulmán está resentido con Israel es porque este país disfruta de una superioridad de poder y status que en verdad les gustaría poseer a los musulmanes . En resumen, esta solución es tan inconveniente como infundada, y los realistas no pudieron convencer a muchos americanos de que fuera válida. Sin llegar a comprender lo ocurrido, recurrieron a teorías conspirativas para explicar lo ocurrido (vease el libro en castellano el Lobby Israelí).

La guerra en Iraq es producto de la estrategia neoconservadora, fuera o no parte necesaria dedicha estrategia. Desde que la guerra se convietió en un fiasco, los neocons reciven merecidamente mucha culpa , como también la recibieron por la guerra de Vietnam, ya fueran ellos mismos o sus antecesores ideológicos. Pero la guerra de Vietnam fue sólo un doloroso episodio de una estrategia que finalmente resultó ser brillante (la que acabó con el comunismo). Por lo que la estrategia que ha llevado a las penurias de la guerra de Iraq, bien podría ser reivindicada, como lo fue la estrategia antisoviética que ganó la guerra fría. Pero mientras tanto, los neocon deban pasar por este mal trago. Además que el realismo sigue estando tan estéril y falto de respuestas para hacer frente a la amenaza del terrorismo global, como lo estaba para afrontar la amenaza del comunismo global.

Joshua Muravchik es un residente escolar en el AEI - American Enterprise Institute.


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A Kristol se le fue la bola (de crital).
escribe Stephen M. Walt.
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Quién debe asesorar al próximo presidente en política exterior: ¿realistas o neoconservadores?

Teniendo en cuenta los desastrosos resultados que las políticas neoconervadores han producido desde 2001, la respuesta parece ser obvia. Pero a pesar de los repetidos fracasos, eminentes neoconservadores están asesorando al candidato republicano Jonh McCain, y tienen aún una presencia ubicua en las columnas de opinión y en los programas de televisión de las tertulias y en las revistas de opinión (junto a sus primos hermanos, los liberales intervencionistas). Por contra, los realistas se han convertido en una especie en peligro de extinción, y su voz ha sido silenciada en los debates políticos contemporáneos.

Esta situación tendría sentido si los neoconservadores hubiesen provado ser una guía fiable para la política exterior, y si se hubiese demostrado que los realistas estaban equivocados. Pero la verdad es la opuesta: los neoconservadores han seguido una hoja de ruta de desastres, mientras que las miradas que ha dado el realismo causan impresión por sus aciertos. Si el próximo presidente quiere evitar los errores de los últimos ocho años, debe comprender por qué el neoconservadurismo ha fracasado. Fracasó porque se mantuvo alejado del esquema intelectual del realismo, por lo que ha tenido que redescubrir sus virtudes. En consecuencia, para entender por qué fracasó, sólo es necesario examinar el núcleo de sus principios y hacer un seguimiento pormenorizado de las perspectivas que dan.

Tal y como expresa su "etiqueta", los realistas creen que la política exterior debe acercarse al mundo tal y como es. En vez de confiar en las ilusiones del pensamiento o en dogmas ideológicos, el realismo considera que el sistema internacional es una arena (lugar de lucha) competiva, arena donde los Estados han de darse seguridad a sí mismos. Los realistas sabemos que los Estados se meten en problemas si son demasiado confiados. Pero también que los problemas pueden exacerbarse cuando lo Estados exageran las amanazas externas (como exagerando el poderío soviético o el de Saddam), confundiendo las prioridades (desviando la Seguridad Nacional a la protección y promoción de valores morales), o comprometiéndose en estúpidas aventuras externas (como la guerra de Vietnam o la invasión de Irak de 2003).

Por tanto, los realistas prestan una gran atención al equilibrio del poder, y se oponen a malgastar los recursos económicos en cruzadas ideológicas. Ellos saben que la fuerza militar es la garatía última de la seguridad, aunque también reconocen que es un instrumento de efectos impredecibles. Los realistas son, por consiguiente, escépticos respecto a planes grandiosos de ingeniería social, y creen que la fuerza debe ser utilizada sólo cuando los intereses vitales están en juego.

Los realistas aprecian el poder del nacionalismo, comprende que los Estados normalmente se resisten a las interferencias extranjeras y que defienden sus propios intereses de forma vigorosa. De este modo, los realistas no ven a los adversarios como un bloque monolítico y unificado, y abogan por acercarse a los oponentes através de estrategias de "divide y vencerás". Los realistas también reconocen que el éxito de la diplomacia requiere un toma-y-daca, y que la búsqueda del interés de los EE.UU. a veces requiere la cooperación con regímenes cuyos valores son discutibles. Resumiendo, los realistas saben que el éxito estatal requiere de fuerza, fríos cálculos, de flexibilidad y de mantenerse sensibilizados respecto a los límites del poder.

Sin embargo, los realistas no son relativistas morales o personas desinteresadas de los valores. Los realistas son conscientes que todas las Grandes Potencias tienden a pensar, que la difusión de sus propios valores es bueno para los demás, pero también que este tipo de arrogancias pueden llevar a democracias bienintencionadas a aventuras moralmente dudosas. Los realistas aprecian las tradiciones democráticas americanas y el compromiso de esta con las libertadas individuales. Pero también creen que como mejor pueden exportarse esos valores es através del ejemplo, y no através de las aventuras militares. Los realistas también creen que la intromisión en ultramar puede disparar las reacciones hostiles en el extranjero y pervertir nuestro compromiso con nuestras propias libertades.

¿Se desempeñó con buenos resultados el realismo? La estrategia de contención que ganó la guerra fría fue ideada de la mente de un realista, George Kennan (aquí está en castellano el artículo fundacional de esa estrategia, y a la vez el mejor artículo nunca escrito sobre la guerra fría). La contención se centró primero, en prevenir que Moscú se hiciera con los centros claves de poder industrial que estaban cerca de sus fronteras, y de evitar caer en la tentación de hacer retroceder ("roll back") al comunismo mediante la fuerza militar. Así como Franlin Roosevelt se alió con el asesino Joseph Stalin para derrotar a la Alemania Nazi, los realistas dictaminaron que los Estados Unidos se ligaran con las democracias y con paises no democráticos en la larga lucha contra el poder soviético. Kennan y otros realistas también reconocieon que el supuesto bloque monolítico del comunismo en verdad estaba sometido a profundas tensiones internas, como las que Estados Unidos explotó através de su aproximación a China en la década de 1970.

Durante la década de 1960, los realistas como Kennan, Walter Lippmann, Hans Morgenthau y Kenneth Waltz se opusieron a la escalada de EE.UU. en vietnam. Creían que esa guerra distraía estúpidamente el poder de América, y que el temor a la caída del dominó (ver Teoría del Dominó) era una exageración. Esto se vio confirmado cuando los Estados Unidos se retiraron de Vietnam, ensarzándose después el régimen comunista de Vietnam en luchas y contiendas bélicas con otros comunistas de Kampuchea y China (es decir, equilibrándose esos países comunistas entre sí, y no expandiéndose cual unificada horda roja por todo el sureste asiático). Y después Hanoi se distanció de sus antiguos aliados, abrazó el libre mercado y normalizó las relaciones con Washinton.

Los realistas también comprendieron que la Unión Soviética era un coloso Potemkin (se refiere Walt al bluff revolucionario que protagonizó el acorazado Potemkin en 1905), y que ese menguante imperio no era rival para la más rica y cohesionada alianza que había forjado los Estados Unidos. Cuando los neoconservadores hicieron sonar las falsas alarmas sobre el poderío soviético en los años 70, los realistas como Kenneth Watz comentaron acertadamente que la verdadera cuestión era si Moscú podía verdaderamente mantener ese nivel. Otros realistas mostraron que la superioridad del poder militar convencional soviético era un mito, y que un ataqe soviético contra Occidente no podía hacerse con éxito.

Los neoconservadores vieron el fin de la guerra fría como el fin de la historia, e imaginaron una larga era de benigna hegemonía americana, mientras que los realistas previeron acertadamente que lo que en verdad sucedía, era que simplemente habían nuevas formas de competición por la seguridad. Cuando los neoconservadores, como hizo Edward Luttwak, avisaron de las miles de bajas que ocurrirían en la guerra del golfo de 1991, los realistas como Barry Posen del MIT, y Jonh Mearsheimer de la Universidad de Chicago, anticiparon una fácil victoria (en los artículos que escribieron). Los realistas como Zbigniew Brzezinske y Brent Scowcroft también señalaron que sustituir el tradicional equilibrio de poder por la política de "doble contención" (ideada por Marin Indyk) era un error estratégico (ver la página 7 de este artículo donde: "la política de doble contención hacia las dos potencias regionales, Irán e Iraq, que consiste en mantenerlas a un mínimo nivel en su capacidad militar, hecho que pone fin a la estrategia tradicional de varias décadas de enfrentar a una contra otra"...."La fuerza de los Estados Unidos y de sus aliados en la región, nos permite detener tanto a Irán como a Iraq. Ya no necesitamos del uno para oponerlo al otro". )(Es decir, y para que no haya lugar a dudas, una política que no consiste en equilibrar entre si a los países y su poder, sino en el poder hegemónico de la incontestable y benigna potencia de USA, tema muy neocon). Un error estratégico el de la doble contención, error que hizo mucho más difícil protejer los intereses de EE.UU. en aquella vital región. Fue una advertencia que posteriormente se ha visto confirmada. Y aunque los realistas reconocieron que la primacía de los EE.UU. podría haber producido el efecto estabilizador que produce cualquier Gran Potencia, también llamaron la atención que una política demasiado belicosa podría encender el antiamericanismo alrededor del mundo. Algo que en los últimos ocho años ha sido confirmado.

Finalmente, los realistas estaban entre los más visibles adversarios a la desafortunada aventura en Iraq, aunque sus advertencias fueron sorprendentemente ignoradas. Los neoconservadores sentieron desasosiego por que Estados Unidos no derrocase a Saddam en 1991, pero George H. W. Bush y sus principal asesor, Brent Scowcroft, juzgaron acertadamento lo que ese derrocamiento habría sido si los Estados Unidos hubieran ocupado Baghdad, y los efectos en la gobernabilidad de Iraq. La coalición pudo haberse desmoronado inmediatamente, lo que no habría facilitado una "estrategia de salida". Si se hubiese invadido , los Estados Unidos podría seguir siendo hoy una potencia ocupante en una tierra amargamente hostil. Y visto lo que ha ocurrido desde 2003, esos juicios domostraron ser acertados.

Los realistas ofrecieron similares advertencias antes de la segunda guerra de Irak. A finales de septiembre de 2002, treinta y tres académicos de seguridad internacional (aproximadamente la mitad de ello eminentes realistas), publicaron un papel antiguerra en el New York Times. En el que se avisaba: "Incluso si obtenemos una victoria fácil, no tenemos una estrategia de salida viable. Iraq es una sociedad muy dividida que EE.UU. tendría que ocupar y vigilar por muchos años hasta crear un Estado viable". Otros realistas escribieron artículos antes de la guerra explicando por qué era una guerra innecesaria. En la más importante decisión sobre política exterior de los últimos ocho años, los realistas ofrecieron los mejores análisis y asesoramientos.

DONDE LOS REALISTAS ven un mundo en donde los Estados compiten y en el que los intereses de esos Estados se interseccionan, los neoconservadores ven un choque entre las democracias, virtuosas y amantes de la paz, y las maléficas dictaduras. Imaginan a las fuerzas enemigas agrupándose estrechamente en movimientos hostiles del estilo "comunismo internacional", "eje del mal", o "islamofascismo". Y rutinariamente informan del gran crecimiento de las amenazas, incluso cuando esas fuerzas están de hecho profundamente divididas, y cuando las capacidades de esas amenazas son una pequeña fracción de la fuerza económica, militar y política de la de EE.UU.. No obstante, los neocons argumentan que es imprescindible para los Estados Unidos el derrocar a ese popurrí liga de estados menores, y convertirlos en democracias proamericanas.

Los neoconservadores exaltan las virtudes de la hegemonía americana y creen que los otros Estados darían la bienvenida a su liderazgo desde el momento en el que se ejerciera decisivamente. Atribuyen la oposición a este liderazgo a una profunda hostilidad a los valores americanos (y no al disgusto por las políticas específicas de EE.UU.), y creen que los enemigos pueden ser intimidados por las demostraciones del poderío americano. Por tanto, los neoconservadores rebajan el papel de la diplomacia y el compromiso, y cargan de manera rutinaria contra cualquiera que apoye la diplomacia y el compromiso acusándolos de "apaciguadores". Para los neoconservadores, todo adversario es Adolf Hitler y está en 1938.

El firme apoyo a Israel es un principio clave del neoconservadurismo, y prominentes neoconservadores reconocen abiertamente el compromiso con ese país. La mayoría de los necons, están a favor de las políticas de halcón de la derecha israelí, y esa afinidad da forma a muchas de sus opiniones referidas a Oriente Medio. Específicamente, ls neocons tienden a ver los intereses de EE.UU. e Israel como si fueran idénticos y tienen la convicción de que los árabes y los musulmanes solamente entienden el lenguaje de una fuerza superior. Como resultado de esto, ellos contraponen los esfuerzos diplomáticos para resolver los problemas regionales (como las que propusieron el bipartidista Grupo de Estudios sobre Irak) y, lo mismo que los israelíes de línea dura, tienden a favorecer soluciones del tipo intercambio de puños.

En resumen, los neoconservadores contemplan la fuerza militar como una poderosa herramienta por la cual dar forma al mundo de una manera que de beneficios a America, Israel y las otras democracias. Por lo tanto, los neoconservadores nos dan dos visiones contrapuestas (maniqueas) de la política exterior de EE.UU.: ya que, o los Estados Unidos esgrimen la espada y la usan para dar forma al mundo a su imagen y semejanza, o los Estados Unidos caerán en una creciente marea de radicales fuerzas agresoras.

¿Qué ocurre cuando los Estados Unidos basan su política exterior en esta visión? Pues no pasa nada bueno.

Los neoconservadore han existido desde los años 70, pero su impacto en la política exterior de EE.UU. antes del 2001 fue modesto. Los neoconservadores gustan de representar a Ronald Reagan como la personificación de sus ideas, pero eso solo ocurrió en la retórica de Reagan, la cual se hizo eco de la maniquea visión del mundo que tienen los neocon. Las políticas de Reagan estuvieron muy cerca del ideal realista: él levantó el embargo de grano contra la Unión Soviética en 1981, y vendió armamento avanzado a Arabia Saudita, apoyó a Estados autoritarios siempre que fueran anticomunistas, retiró las tropas de Líbano en 1983 cuando vio que se metía en un atolladero, y mantuvo el equilibrio de poder en el Golfo Pérsico apoyando al Irak de Saddam Hussein contra los revolucionarios de Irán. Incluso la famosa "Doctrina Reagan" fue sólo una manera rentable (costo-beneficio) de presionar a los clientes de la Unión Soviética, que un verdadero intento de exportar la democracia. Después de todo, Reagan apoyó a muchos señores de la guerra y rebeldes (como los mujahedeen), que difícilmente pueden ser tildados de apóstoles de la libertad.

La reacción de Reagan a la glasnost y la perestroika se separó de los neoconservadores también. Aferrados como estaban a una exagerada visión del poder soviético, y convencidos de que las regímenes comunistas no pudieran nunca cambiar, los neocons fueron congidos con el paso cambiado por Mijail Gorbachov, y fueron los últimos en darse cuenta de que la URSS estaba deshaciéndose. De hecho, los neoconservadores quedaron profundamente decepcionados cuando Reagan dejó de llamarlos "imperio del mal" y se comprometió con Moscú en una diplomacia constructiva. También quedaron igualmente disgustados por la realista política exterior de George H. W. Bush, a pesar de su destreza durante del colapso soviético, y de su sabia moderación en la guerra del Golfo de 1991. Así que, los informes de los neoconservadores sobre su influencia han sido muy exagerados, y los neocons merecen poco o nada de reconocimiento por su contribución a la victoria americana en la guerra fría.

La verdadera prueba de los neoconservadores comenzó después de los ataques del 11 de septiembre, cuando empezaron a ser el marco intelectual para la política exterior de EE.UU.. Aunque hubo un puñado de realistas en la administración de George W. Bush, los neoconservadores ocuparon las posicione claves en el Departamente de Defensa y en la influyente oficina del vicepresidente Dick Cheney. Prominentes neoconservadores dentro de la administración fueron el Subsecretario de Defensa Paul Wolfowitz, el Subsecretario de Defensa Douglas Feith, el vice jefe de personal I. Lewis "Scooter" Libby, el Subsecretario de Estado (y antiguo embajador en la ONU) John Bolton, el jefe de la Junta de la Política de Defensa Richard Perle, y ayudantes como Elliott Abrams, John Hannah, David Wurmser, Michael Rubin, Abram Shulsky, Aaron Friedberg y Eric Edelman. Otros neoconservadores sirvieron de cheerleaders y agitadores desde sus influyentes puestos en el Weekly Standard, Washington Post y en las páginas de editorial del Wall Street Journal. Esto llevó al columnista del Washington Post Charles Krauthammer, a declarar que "lo que está siendo articulado y practicado en los más altos niveles del gobierno(...) es la maduración de una ideología para gobernar que ha llegado en este momento". Similarente, el editor del Weekly Standard, William Kristol, proclamó orgullosamente en 2003 que"nuestra política(...)es ahora la oficial. El neoconservadurismo se ha hecho la política del gobierno de los EE.UU.. La historia y la realidad tienen su peso, y nosotros simplemente hemos dejado que dicten su veredicto.".

Nadie desde Neville Chamberlain ha emitido un juicio tan rápido y aplastante.

Su principal fallo, por supuesto, fue Iraq. Como el columnista Thomas Friedman determinó , fue "la guerra que quisieron los neoconservadores, la guerra que los neoconservadores vendieron". Los neocons estuvieron equivocados sobre las ADM (Armas de Destrucción Masiva), equivocados sobre los nexos con Al Qaeda y, sobre todo, equivocados sobre lo que ocurriría después de que expulsaran a Saddam. Kenneth Adelman anunció que la guerra sería un "paseo", y el Subsecretario de Defensa Paul Wolfowitz dictaminó que el Jefe del Estado Mayor del Ejército Eric Shinseki estimó que la ocupación podría requerir varios cientos de miles de tropas como "muy alejada de la realidad". Wolfowitz también dijo al Congreso que la guerra y la reconstrucción podría costar menos de 95 mil millones. Wolfowitz se pasó por un pelo: el precio de la guerra exede ya los 500 mil millones y podría probablemente superar el billón para el momento en que termine.

Los neoconservadores también dijeron en voz alta, de manera ingenua y equivocada, que el derocamiento de Saddam aportaría beneficios de largo alcance en la región. Fouad Ajami dice que, el vicepresidente Cheney le contó que las calles de Baghdad y Basora podrían "estallar de júbilo de la misma manera que la multitud saludó a los americanos en Kabul", y Kristol previó una reacción en el mundo árabe que sería muy saludable". Joshua Murachik predijo que la invasión "será un seismo que podría hacer temblar otras tiranías, incluyendo los mulás de Irán o la Venezuela de Hugo Chávez", Richad Perle pensó que Siria e Irán podrían "salirse del negocio del terrorismo", y Michael Ledeen reclamó "es imposible imaginar que el pueblo de Irán pudiera tolerar la tiranía en su propio país una vez que la libertad hubiese llegado a Iraq". Ninguno de estos escenarios de color de rosa llegaró a pasar.

La más constante fuente de dudas fueron las previsiones del propio Kristol, quien predijo que la ocupación requeriría solamente 75 mil tropas, y que las fuerzas de EE.UU. "probablemente serían retiradas por miles después de un año o dos". En la víspera de la invasión, el aseguró a sus lectores que "muy pocas guerras en la historia de América estuvieron mejor y más concienzudamente preparadas como esta por el actual presidente". Un mes más tarde, el anunció que "las batallas de Afganistán e Iraq han sido ganadas decisivas y honorablemente". Kristol también ridiculizó las advertencias de un conflicto suní-chií como"sociología pop" y proclamó que "no hay evidencia de todo ello. Iraq ha sido siempre muy secular".

La guerra se prolongó, y la bola (de cristal) sigue dando imágenes turbias. Él y Robert Kagan señalaron en el primer anirversario de la invasión de Iraq anunciando que, los iraquíes "han hecho enormes progresos" hacia la democracia liberal, contradiciendo las predicciones de los liberales durante la preguerra de "que Iraq podría fracturarse en un baño de sangre feudal y clánica". Nueve meses dspués, Kristol juzgó que las elecciones iraquíes de enero de 2005 serían "un punto de inflexión". Error otra vez: Iraq entró en una espiral de violencia sectaria cada vez más profunda en 2006 y 2007, y el baño de sangre que Kristol desestimaba se hizo realidad.

Esta cadena de fracasos en sus predicciones provino directamente de las creencias neocons, como con el ingenuo convencimiento de que la democracia sería fácilmente instaurada, y con la ignorancia de la realidad de Iraq y de la región. Estas creencias también los hicieron presa fácil de personas sin escrúpulos como el exiliado iraquí Ahmed Chalabi. Como los neocons asumieron que la ocupación podía ser fácil y barata, no vieron la necesidad de prepararse para una guerra prolongada, tal y como los realistas advertían. Ya que eso significaba que tendría que instaurarse un orden político estable, mediante un proceso que sería largo, caro y plagado de incertidumbres.
Los neoconservador ahora dicen que el "surge" está trabajando para que la victoria esté al alcance. Desafortunadamente esto no es verdad. Nunca hubo dudas respecto que Estados Unidos pudieran frenar la violencia incrementando el número de tropas. El asunto clave es si el "surge" podría permitir a los iraquíes crear un sistema político viable y un Ejércio efectivo que pudiese desarmar a las poderosas milicias locales. Lo que no ha sucedido, razón por la cual los Estados Unidos permanecerán estancados en Irak en un futuro previsible, mientras trata de apuntalar un gobierno que no es capaz de sostenerse así mismo.

En cualquier caso, los éxitos tácticos del "surge" que han reivindicado los neoconservadores, no pueden esconder sus fracasos estratégicos. No es que sólo nos hayan metido en el atolladero de Iraq, sino que además han incrementado el poder de Irán en la región. Líderes proiraníes gobiernan ahora en Bagdad, y las amenazas de EE.UU. dan incentivos adicionales para adquirir armas nucleares. Sorprendentemente, los neocons no podrían hacer más para ayudar a Irán y dañar a los Estados Unidos, que ni estando a nómina del propio Mahmoud Ahmadinejad.

Pero Irak no es el único fracaso de los neocons.

Mientras marchábamos hacia Bagdad, non negávamos a negociar con el "maligno" régimen de Corea del Norte, lo que posibilitó que Kin Jong Il se retirara del Tratado de Noproliferación Nuclear, y reciclara material nuclear para probar un arma de ese tipo. Los esfuerzos para contener el programa de Pyongyang hizo progresos solo después de que Bush abandonara la aproximación neonservadora a Corea del Norte, y se comprometiera en una paciente diplomacia.
Al insistir en hacer elecciones en los territorios palestinos, mientras por otro lado impedían cualquier esfuerzo verdadero para conseguir la paz, los neoconservadores ayudaron a que Hamas ganara la mayoría parlamentaria en 2006, y se hiciera la solución de los "dos Estados", que pasa por asegurar un Israel de caracter judío, más difícil de alcanzar. La subsuguiente negativa a reconocer a Hamás expuso la hipocresía de la administración de Bush en la supuesta propagación de la democracia por el mundo árabe. Y el apoyo a Israel durante la guerra de Líbano de 2006, guerra muy mal concebida estratégicamente, socavó al prooccidental gobierno de Siniora, y prolongó un conflicto que costó a Israel vidas y fortaleció a Hezbolá. Loa neoconservadores dicen que apoyan el bienestar de Israel, pero las políticas neoconservadoras producen de facto un daño profundo al Estado judío.

El enfoque neoconservador a la política exterior, empeora la imagen exterior de América, y hacen dudar a millones de personas de nuestro compromiso con el "emperio de la ley", la justicia y los derechos humanos básicos. Y mientras los Estados Unidos han fracasado, el auge de China hace que calladamente expanda su poder, prestigio e influencia.

Esto debe hacernos recordar que lo ocurrido no se debe sólo la mala suerte; fueron los encargados de formular las políticas (los neoconservadores) los que adoptaron una cosmovisión profundamente viciada que terminó logrando unos efectos tan alejados de sus objetivos declarados. En cada caso, el fracaso terminó sucediendo porque los neoconservadores inflaron las amenazas, exageraron lo que la fuerza militar podía hacer, evitaron la diplomacia e ignoraron alegramente los hechos que no se ajustaban a sus ideas preconcebidas.

También es intructivo que el único éxito de la política exterior de Bush ocurriera porque ignoró los consejos neocons. Sobre la base que fundó la administración Clinton, el equipo de Bush convenció a Libia a abandonar su programa de ADM en 2003. Un paso clave fue la decisión de renunciar al "cambio de régimen" y el de quitar a Muama el-Gadafi del poder. Bush escuchó a los neoconservadores, quienes se opusieron a este compromiso, y que de hberles hecho caso podría haber llevado a que Gadafi aún tuviera hoy ADM.

Lo inadecuado del neoconervadurismo como guía para el quehacer político ya no es discutible: hicimos los experimentos y obtuvimos los resultados. Si un médico diagnosticara enfermedades de la misma manera que los neoconservadores han malinterpretado la poítica mundial, solamente pacientes con deseos de morir se pondrían bajos sus cuidados.

Pero todavía políticos como John McCain, y medios de comunicación como el New York Times o el Washington Post siguen tratando a los neoconservadores como fuentes de sabiduría, mientras que sólo de manera ocasional conceden espacio a los realistas, cuyos consejos han demostrado ser superiores. Esto ocurre porque los consejos del realismo resultan decepcionantes para los que tienen fe y esperanza. El realismo sólo ofrece un consuelo: un país tan poderoso como los Estados Unidos puede darse el lujo de cometer tal cantidad de errores y sobrevivir. Pero esto es un pequeño consuelo cuando uno contempla el conjunto de problemas que heredará el próximo presidente por culpa del momento neoconservador. Hasta los políticos y los medios de comunicación ponen al neoconservadurismo en el mismo saco que al leninismo, al Lysenkoismo, a la frenolgía y otras creencias fallidas. Cualquiera que quiera hacer más eficaz la política exterior de EE.UU. debería desengañarse del neoconservadurismo.

Stephen M. Walt es profesor de Relaciones Internacionales la John F. Kennedy School of Government de Harvard.


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Muravchik responde:
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ESTEPHEN WALT me ha convertido al realismo. Si la política de EE.UU. de contención mundial encorsetó al comunismo at ravés de alianzas, de abundantes bases en ultramar, de la ayuda externa masiva, de los miles de millones gastados en la guerra ideológica, respresentan al realismo. Y si las políticas y la encendida retóricas anticomunistas de Ronald Reagan, la Doctrina Reagan, el National Endowment for Democracy, la acumulación de capacidades militares y de inteligencia, o el programa antimisil de "Guera de la Galaxias" representan al realismo, yo firmo.

Me burlaré de la metodología de Walt: las notas a pie de página llevan un barniz academicista de grueso y deshonesto argumento. Así, el cita a William Kristol cuando subestimaba las fuerzas necesarias para ocupar Irak, pero no menciona que poco después el abogó por enviar más. El dice que desea el bien a Israel, pero también formuló una diatriba contra ese país muy celebrada entre los devotos de la destrucción de Israel. (Recientemente un convencido militarnte de Hamás de Chicago, utilizó el trabajo de Walt para justificar los actos de esa organización) Walt dice que los neoconservadores siempre fallan por prescindir del realismo, pero el mundo hace caso a la primera e ignora a la segunda. ¿Puede hacerse algo tan autodestructivo?

Walt se celebra a sí mismo diciendo que los realistas únicamente ven "el mundo como realmente es". Pero el mundo real está lleno de matices y a menudo es ambiguo. El mundo de Walt es un mundo de cifras, hombres de paja, parodias y exageraciones. ¿Es Maliki un "lider proiraní"? Sí, pero también es proamericano y está luchando contra las milicias saderistas de orientación proiraní y antiamericanas.

Ahora bien, ¿está verdaderamente feliz Ahmadineyad por tener a las tropas de EE.UU. en sus fronteras? ¿Realmente los neocons llaman a nuestros enemigos "monolito perfectamente entrelazado"? Si es así, ¿porqué no se cita?

Walt atribuye al realismo cualquier política exitosa y a los neocons los fracasos, torciendo las cosas para que encajen. Pinta la contención como política realista basado en el papel fundacional de George Kennan. La estrategia que Walt dijo que "ganó la guerra fría" tuvo una duración de cuarenta años, y que la escribió Kennan por el hecho de ser un intelectual realista. Pero he aquí Kennan : "La hábil y vigilante aplicación contrafuerzas en una serie de cambiantes puntos geográficos y políticos". He aquí Walt: "Prevenir que Moscú se heciera con los centros claves de poder industrial que están cerca de sus fronteras".Walt alardea de que los realistas se oposieron a la guerra de Vietnam, algo que se desprendía de la estrategia de contención. Pero no se puede tener ambas cosas a la vez. El colgarse la medalla por la contención y por la oposición a la guerra de Vietnam.

¿Estuvieron las políticas realistas "ceñidas al ideal realista"? Walt caricaturiza a Reagan cuando dice que la principal acción hacia la URSS fue la venta de grano. Pero entonces, ¿por qué TASS, por ejemplo, llamó a Reagan un "belicoso lunático anticomunista"?

Walt dice que Gadafi renunció a su proyecto nuclear debido a que los americanos renunciaron al cambio de régimen. Supongo que no tiene noticia de la invasión de Iraq. Los neocons de línea dura de Bush, dice Walt, causaron que Pyongyang renunciara al TNP, pero los norcoreanos han estado violando el TNP durante quince años y han producido una bomba, según la inteligencia de EE.UU., antes de que Bush tomara posesión. Walt cita a Edward Luttwak, para insinuar que los neocons, a diferencia de los realistas, se opusioron a la primera guerra del Golfo (la buena). ¿Pero qué pinta aquí Luttwak como neocon, que es alguien cuyo mantra es que la economía gana a la política? Actualmente, los neocons apoyan la guerra unánimemente, mientras los realistas está divididos.

Walt declara que el surge (de inspiración neocon) es un fracaso, y las negociaciones con Pyongyang (de inspiración realista) son un éxito. ¿Pero cómo puede conocer los resultados de esos asuntos cuando todavía no han concluido esos procesos? El intenta retratar a los realistas como proféticos, yl propósito de las notas a pie de página es la de encubrir su vaguedad.

Como Walt comienza por citar a Walt, así que me dio por buscar, y en contre que en 1987 él escribió lo siguiente:

"El actual equilibrio del poder mundial(...)es muy probable que permanezcaa estable".

Oops!!

Y en un papel postguerrafría de 1990 Walt trató de preveer algunas cosas, he aquí varias de ellas.

Las percepciones de la rivalidad entre EE.UU. y Japón están creciendo, ahora que la amenza soviética no proporciona motivos poderosos para la cooperación.

Los Estados de Europa Oriental podrían inclinarse a Occidente si la amenaza soviética apareciera otra vez, o inclinarse hacia Moscú si la Alemania reunifacda representase un mayor peligro.

Respecto a la OTAN, la optimista retórica sobre el mantenimiento de la "Comunidad Atlántica" podría ser vista con escepticismo.

Los realistas, dice Walt, saben que "todas las Grandes Potencias tienden a pensar que la difusión de sus propios valores es beneficiosa para los demás". Además de ser una suposición erronea (Hitler no pensaba de esa manera), nos lleva finalmente al genuino realismo. ¿Si no hay diferencias enter la difusión de comunsimo y la difusión de la democracia, entre la Alemania Occidental y la Oriental? Como pudo decir Walt que los realistas "no son relativistas morales y no están desinteresados por los valores". Desde luego no explica dónde apoya esas declaraciones. Dos párrafos más adelante el anota con satisfacción que la retirada americana de Vietnam terminó en que ese país adoptó el "libre mercado y normalizó las relaciones con Washington", y lo dice sin derramar una lágrima por los genocidios de Camboya y de los refugiados vietnamitas.

Dando por descontado su polémica deshonesta, los casos en lo que Walt se sustenta se reducen a los fallos de los neocons en las políticas que decidieron respaldar en Iraq. Pero el mero hecho de oponerse a la guerra no es suficiente. América debía encontrar una respuesta a lo ocurrido el 11 de septiembre, sin que hasta la fecha hayan ofrecido nada.


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Walt responde:
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JOSHUA MURAVCHIK quiere hacernos creer que los neoconservadores son sólo enérgicos liberales internacionalistas, a pesar de que los propios neoconservadores aprovechan cualquier oportunidad para condenar a los liberales. Y mientras intenta hacernos creer eso, los neoconservadores presumen de ser los únicos con un enfoque que puede rehacer el mundo a la imagen de América. Y mediante la actual pretensión de que los neocons son una versión de los viejos wilsonianos, él busca lograr crédito en los mismos lugares donde es imposible negar la responsabilidad de los neoconservadores por haber cosechado fracasos.

Muravchik comienza culpando de la Segunda Guerra Mundial al realismo. Esto implica que la guerra podría haber sido evitada si los conservadores hubieran gobernado. Lo que no deja de ser una tontería, los neoconservadores no existían antes de la Segunda Guerra Mundial. En cualquier caso, el periodo de entreguerras fue caracterizado menos por el realismo, que por un desubicado idealismo (¿recuerdan el pacto Briand-Kellog?). Por lo que no es casual que uno de los más reseñables y clásicos trabajos realistas, fuera el libro de E.H. Carr "La crisis de los veinte años" del año 1939. Que fue una incisiva crítica a la diplomacia idealista de la entreguerra.

Más grave ha sido el recurrente tema neoconservador de que el énfasis en la pureza ideológica habría sido la receta que hubiese impedido el desastre. Pero en verdad, la clave de los problemas estratégicos en la década de los 30 fue la presencia de dictaduras revisionistas: Alemania, Italia, Japón y la Unión Soviética. Y en estas circunstancias, cualquier intento serio para frenar a Hitler habría requerido el llegar a un acuerdo con el asesino de Stalin. Algo que presumiblemente las políticas neoconservadoras no pueden soportar. Por el contrario, los neoconservadores podrían haber llevado a América a usar la fuerza contra todos estos tiranos e imponer la democracia, a un costo inconmensurable. La Segunda Guerra Mundial fue una tragedia, está claro, pero Muravchik quita valor al hecho de que fianalmente se pagara un precio comparativamente pequeño (comparado con lo que hubiera sido hacer la guerra a la vez a la Alemania Nazi y a la Unión Soviética) por el que los EE.UU. surgieron luego como la potencia dominante en el mundo.

Muravchik retrata el orden de la posguerra sobre la misma base de lo anterior. Pero no puede ignorarse que los verdaderos arquitectos de la contención fueron los realistas, quienes comprendieron que los Estados Unidos debían conger el papel de lider contra la Unión Soviética, mientras se reconocía que las instituciones multinacionales como las Naciones Unidas y la OTAN, podrían ser útiles para ese fin. La contención no fue un diseño neoconservador, como Muravchik trata de hacer creer, sencillamente porque no había neoconservadores antes de 1950. Además, los primeros neocons que aparecieron, como Irving Kristol, se opusieron a la contención y estuvieron de acuerdo con la política de "roll back" como sustituta. Los neoconservadores tambiél fueron abiertamente escépticos con las instituciones internacionales, y especialmente despreciativos con la OTAN. En verdad si los neocon fueron una fuerza influyente después de la Segunda Guerra Mundial, las alianzas que ganaron la guerra fría nunca se habrían creado, y la Tercera Guerra Mundial hubiera sido mucho más probable.

Como cabía esperar, Muravchik intenta reclutar a Ronald Reagan dentro del panteón neoconservador, pero resulta contradictorio con sus propias palabras. Muravchik dijo que el apoyo a Iraq durante la guerra contra Irán fue "uno de las tonterías más descaradas de los realistas", y dijo que ese apoyo llevó a la guerra de 1991 en el Golfo. ¿Olvidó acaso Muravchik que el apoyo de EE.UU. a Saddam comenzó bajo la presidencia de Ronald Reagan? ¿Y deberíamos pensar que Muravchik prefería que Irán ganara la guerra?

Muravchik concluye afirmando que el realismo "no ha ofrecido virtualemente nada para encarar el terrorismo", excepto "romper la amistad de América con Israel". Se equivoca otra vez. Después del 11-S, los realistas avisaron que era mejor concentrarse en Al Qaeda y llamaron la atención de que invadir Iraq era una diversión estúpida. Los realistas abogaron duramente por usar la diplomacion con Irán y Siria, y por un compromiso equitativo en el desarrollo del proceso de paz israelo-palestino como parte de un amplio esfuerzo por socavar el extremismo islámico. Los realistas no abogaron por "romper la amistad con Israel". Lo que los realistas pretenden es que hayan unas relaciones normales con Israel, y se oponen al autodestrivo esfuerzo por colonizar los territorios ocupados, lo que resulta en un mucho mejor enfoque, tanto para Estados Unidos como para Israel

Los neoconservadores tenían una respuesta para el 11-S. El resultado es que: estamos empantandos en Bagdad, el talibán está regresando, Osama bin Laden sigue en libertad, Hezbollah y Hamas (por no hablar de Irán) son ahora más poderosos, e Israel está cerca de convertirse en un Estado de apartheid. Si piensa que esto son progresos, entonces debe justarse a los neocons.

Finalmente, Muravchik dice que los neoconservadores "tratan la moral con puridad(...)y como una alta prioridad, más de lo que hacen los realistas", pero esta postura demuestra poca preocupación por los seres humanos ordinarios. El no expresa remordimiento por el sufrimiento que los neoconservadores están provocando ahora en Iraq. Lo que les importa a ellos es la política de Washington, no los cientos de miles de refugiados que tuvieron que dejar sus hogares, o las decenas de miles de patriotas americanos que han sido muertos o heridos. Así que debe escucharse con atención a los neoconservadores cuando estos hablan de convicciones "morales". Acompañados de gente así, los realistas que se opusieron a la guerra pueden seguir manteniéndose orgullosos.